Estoy vivo para contarlo: Retomando el camino
Hace tiempo que no pasaba por aquí. A veces, la vida se vuelve intensa y uno necesita una pausa. Pero hoy, con el corazón lleno y la mente cargada de recuerdos recientes, regreso a este espacio que me ha acompañado tantas veces. Estoy vivo para contarlo, y por eso escribo. Hace unas semanas hice un viaje importante. No fue solo un paseo, fue una visita llena de propósito, esperanza y respuestas. Viajé a la Nova Southeastern University (NSU), donde me atendió el Dr. Eduardo Locatelli, neurólogo especializado en enfermedades neuromusculares y director del Instituto de Neurociencias de NSU, junto a un equipo de ocho especialistas. Me hicieron una evaluación completa, con una dedicación que agradezco profundamente. Debo confesar que fui con miedo. En los últimos meses he sentido un deterioro notable en mi cuerpo: menos movilidad, dificultad al hablar en ocasiones… y eso me hizo pensar que la enfermedad estaba avanzando más rápido de lo normal. Pero allá me explicaron algo que me dio paz: el avance de la ELA en mi caso va dentro de lo esperado. Utilizaron una herramienta llamada ALSFRS-R, una escala funcional de 48 puntos que evalúa aspectos como el habla, la capacidad de comer, caminar, respirar y moverse. Me dijeron que estoy perdiendo aproximadamente un punto por mes, lo cual es un ritmo considerado “típico” dentro de la evolución de la enfermedad. También entendí algo muy valioso: sentir más deterioro físico no significa necesariamente que la enfermedad se ha vuelto más agresiva. El deterioro es una consecuencia del avance, sí, pero no es una señal de que todo esté empeorando más rápido de lo que debería. Esa explicación me dio tranquilidad y me ayudó a mirar mi proceso con otros ojos. Además, me recomendaron seguir con el Riluzol, empezar un tratamiento con vitamina B12 en dosis altas y considerar el uso nocturno de un ventilador para apoyar mi respiración. Sobre la B12, me explicaron que se está usando cada vez más para ayudar a frenar el avance de la ELA. De hecho, este tratamiento fue aprobado recientemente en Japón y también se está aplicando en algunos centros en Estados Unidos. Es algo que me dio un poco más de esperanza. Y todo esto no lo viví solo. Me acompañaron tres personas muy especiales: mis hermanos Rodolfo y Ramón, y mi gran amigo Emilio. Estuvieron conmigo en cada paso, en cada consulta, en cada conversación difícil y también en las risas que compartimos en el camino. Sin ellos, este viaje no habría sido lo mismo. Tenerlos ahí fue un recordatorio de lo que realmente importa: la compañía, el cariño y la fuerza que nos damos entre nosotros. Hoy, mientras escribo estas líneas, me doy cuenta de cuánto necesitaba reconectar con este espacio. Porque escribir también es una forma de respirar. Y porque cada vivencia, cada noticia —buena o no tan buena— forma parte de esta historia que sigo contando. Porque estoy vivo. Y porque tengo mucho que compartir. Gracias por seguir aquí. Con cariño, Rogelio